Deseo
que todo acabe de una vez,
que podamos volver a salir a la calle,
que todos los fallecidos tengan, tal vez,
una despedida digna y loable.

Que pueda quedar con mis amigos
y reunirme con toda mi familia.
Que podamos celebrar todos los cumpleaños
pues las velas no pudimos soplar en su día.

Que algún día la pandemia sea sólo un mal sueño,
que todo vuelva a ser como antes
y así regresen los pájaros a deleitarnos, halagüeños,
cuando para nosotros en las mañanas canten.

Que el viento sople en cada esquina,
que la madre naturaleza nos acoja y envuelva
de manera tan fuerte que rebrote así la vida
y todos los males que nos invaden se disuelvan.

Pero me entristece al mismo tiempo pensar
que el planeta vuelva a su rutina,
lleno de residuos, polución y suciedad
ya que ninguno de nosotros lo mima.

Que la tierra no se alegre del fin del confinamiento,
que se resienta a medida que avanza la desescalada,
porque nosotros solo por nuestra libertad estamos contentos
y no nos importa más nada.

Yo mismo en mi encrucijada personal me hayo:
¿salir a la calle y ver a mis amigos como siempre
o seguir en casa confinado y del virus a salvo?
¡Ya no sé qué impulso es más fuerte!

Así pues afloran en mí todas estas emociones,
mi alma quiere liberarse y salir,
vagar por el pueblo y sus callejones,
fusionarme con el ambiente y fluir.

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