Unamuno

Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao en 1864. La guerra carlista que vivió allí de niño pasaría a ser tema de su primera novela, Paz en la guerra. Unamuno estudió Filosofía y Letras en Madrid, pero pasó casi todo el resto de su vida en Salamanca, donde obtuvo la cátedra de griego e historia de la lengua.
En  correspondencia  con  su  interés  por  el  “hombre  de  carne  y  hueso”  y  sus  anhelos  de plenitud, el ansia de  inmortalidad, su hambre de  Dios  (a todo  lo  cual se  opone  la  amenaza de  la Nada  tras  la  muerte,  raíz  de  la  angustia,)  el  estilo  de  Unamuno  es  seco  y  preciso,  pero expresivo,  afectivo,  apasionado  -con  un  proceso  de  razonamiento  poco  sistemático, desordenado,  como  si  estuviera  en  continuo  movimiento-  y  también  vehemente  -su vehemencia  se  descubre  en  el  uso  a  veces  de  cadenas  de  sinónimos,  repeticiones, enumeraciones-. Juega con  el idioma, inventa palabras o  recupera significados etimológicos.  Lo apasionado,  lo  expresivo, la intensidad  emotiva le  interesan  más que  la elegancia.   Por  lo  que  tiene  que  ver  con  su  producción  narrativa,  Unamuno  inventa  el  término “nivola”  para  expresar  su  rechazo  hacia  los  principios  dominantes  en  la  novela  realista:  la caracterización  psicológica  de  los  personajes,  la  ambientación  realista,  la  narración omnisciente  en  tercera  persona...  Las  “nivolas”  se  caracterizan  por  los  siguientes  rasgos:  dan prioridad  al  contenido  sobre  la  forma.  Escaso  desarrollo  psicológico  de  los  personajes:  suelen estar  caracterizados por un  único  rasgo  de  su personalidad, lo  que  los convierte  en  "personajes planos”,  encarnaciones  de  una  idea  o  una  pasión  que  les  impedirá  relacionarse  con  el  mundo con  normalidad. En  las “nivolas”  predominan  los  monólogos y  los  diálogos,  abundantísimos, en detrimento  de  la  descripción,  las  cuales  se  caracterizan  por  la  exactitud  y  la  precisión.  La atención  del lector se  centra en  el  relato  de  la acción  y  de  los sentimientos. En toda la obra de Unamuno  es reconocible su gusto  por  figuras  literarias  como  las antítesis y  las  paradojas,  repeticiones,  y  el  uso  abundantísimo  -relacionado  con  las  ya  mencionadas expresividad,  afectividad  y  apasionamiento-  de  exclamaciones  e  interrogaciones,  de  juegos  de palabras.  En  toda ella  se  reconoce  asimismo  su  vigoroso  temperamento  y  su ritmo  áspero.

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